Aunque me cueste la vida...
Demasiado tímido para bailar?…

…”Olvídate de los demás y presta atención a los graves”, me susurró al oído. “Trata de seguir tu ritmo.”

En ese momento comprendí que no siempre tenemos que aprender las cosas más importantes, sino que ya forman parte de nuestra naturaleza.

Cuando nos convertimos en adultos, y cuando nos hacemos viejos, tenemos que seguir bailando. Los ritmos cambian, pero la música es parte de la vida, y el baile es la consecuencia de dejar que este ritmo salga de nosotros.

Todavía bailo cada vez que puedo.
Con el baile, el mundo espiritual y el mundo real logran coexistir sin conflictos.

Como alguien dijo una vez, “las bailarinas clásicas bailan siempre de puntillas, porque están al mismo tiempo tocando la tierra y alcanzando el cielo.